26 marzo 2006

IN DUBIIS FAVORABILIOR PARS EST ELIGENDA

Queridos todos:

Ya sabéis que el puente de San José lo pasamos en Baeza y Úbeda. Sorprende en España la cantidad de lugares entrañables, llenos de tradiciones e historia y esas ciudades andaluzas son uno de ellos. Fue a raíz de ver un programa documental emitido por la TV de Andalucía que me prometí visitar estas ciudades que ostentan, junto con otras 37 localidades españolas, el título de “Patrimonio de la Humanidad”.

Úbeda y Baeza están enclavadas en el centro geográfico de la Provincia de Jaén, en un lugar dominante de la Comarca de La Loma, desde donde se domina el valle del incipiente Guadalquivir, que discurre a corta distancia desde su nacimiento en la Sierra de Cazorla, así como la riqueza de sus tierras rojizas, engalanadas por infinitos olivares que sustentan la economía local y que hacen de España el mayor productor de aceite de oliva en el mundo. En ambas, amén de sus emblemáticos edificios históricos, verdaderas joyas renacentistas, me llamó muchísimo la atención la presencia de un importante número de turistas alemanes, ingleses y algún que otro gringo que por ellas deambulaban. Incluso pudimos ver a unos cuantos japoneses de la NHK haciendo tomas para un programa de televisión que imagino ya habrá salido al aire en el antiguo Imperio del Sol naciente.

No pienso aburrirles narrándoles nuestro recorrido turístico. Me limitaré a decirles que lo disfrutamos en extremo y que les invitamos a hacer lo propio, llegado el momento oportuno. Pero hay cosas que son únicas de cada lugar; algo que jamás has visto o mejor dicho, olido, en ninguna otra ciudad visitada; y es, en esta oportunidad, el intenso, envolvente y aceitunado aroma reinante en sus calles proveniente de las almazaras... -huele a aceituna le comenté a un ventero y el me respondió –¡y huele también a riqueza...! Y no le falta razón. El aceite de oliva es el rey de la provincia logrando que exista pleno empleo en ella y por supuesto, se come en todas las comidas incluso en algún que otro postre, que pudimos degustar, y que ha ganado un importante premio culinario utilizando como base dicho aceite. Es como para clamar con Antonio Machado:

¡Olivares y olivares
de loma en loma prendidos
cual bordados alamares!
¡Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada!
¡Olivares centellados
en las tardes cenicientas,
bajo los cielos preñados
de tormentas!...

Afortunadamente mucho ha cambiado la zona desde los tiempos que la habitó Antonio Machado, quien en carta a Miguel de Unamuno le expresa: “Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de 2.ª enseñanza y apenas sabe leer un 30 por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta. La profesión de jugador de monte se considera muy honrosa. Es infinitamente más levítica que el Burgo de Osma y no hay un átomo de religiosidad. Hasta los mendigos son hermanos de alguna cofradía. Se habla de política —todo el mundo es conservador— y se discute con pasión cuando la audiencia de Jaén viene a celebrar algún juicio por jurados. Una población rural encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones tan lamentables que equivalen al suicidio.”

Este viaje nos brindó dos significativas sorpresas. La primera de ellas: El Museo de la Cultura del Olivo, en Puente del Obispo a 8 Kms. de Baeza que alberga diferentes modelos de almazaras y un jardín con 30 variedades de olivos. En el se muestran los pasos para la obtención del aceite: desde los métodos más tradicionales de cultivo del olivo, hasta los modernos procesos de comercialización y envasado y la otra en Úbeda el Convento de los Carmelitas Descalzos en donde murió San Juan de la Cruz y en donde se conservan una pequeña parte de sus restos.

Cuenta la historia que estando San Juan de la Cruz en Granada, conoció a doña Ana de Mercado y Peñalosa, viuda de O. Juan de Guevara. El místico dedicó el poema "Llama de amor viva" a la "noble y devota señora" quien le había pedido este poema y de quien se enamoró en 1582, al conocerse ambos en Granada. A los hermanos Mercado y Peñalosa, San Juan de la Cruz les persuadió que hiciesen una fundación de Carmelitas Descalzos en la ciudad de Segovia, quienes gustosos lo aceptaron, si bien parece que la dama condicionó su aceptación a condición de que en su momento, los restos del santo fuesen sepultados allí.

Como el nuevo convento era más provisional que permanente, propuso al Definitorio un lugar más acomodado, petición que fue aceptada por los Padres Definidores para que de esta forma se construyera un nuevo convento a gusto del primer Definidor y de doña Ana de Peñalosa, la fundadora. San Juan de la Cruz estuvo casi tres años en esta casa, atendiendo a su gobierno y a su obra. Retirado del convento de Segovia por discrepancias de pensamientos, es arrinconado en un lugar cercano a Jaén, teniéndose que refugiar, al poco tiempo, por enfermedad, en el convento de Úbeda donde fue tratado incluso con dureza por parte del Superior del mismo. Mientras tanto, el proceso en su contra, por el que se le intenta expulsar de la Orden, continúa y no termina pues el 14 de diciembre de 1591 muere.

Aunque el interés del santo fue ser enterrado en Úbeda (Jaén), Ana de Mercado y Peñalosa ordenó trasladar el cuerpo de su amado a Segovia, y por este motivo, una noche entraron de manera violenta en el convento de Úbeda un grupo de religiosos y otras personas quienes destrozaron la tumba y rescataron los restos del santo. Los mismos fueron colocados en un ataúd y fueron trasladados hasta Segovia. La construcción del convento en Segovia, duró, después de la muerte de San Juan de la Cruz nueve años; y se colocó el Santísimo Sacramento en su iglesia el 22 de mayo de 1600.

En la pasada colectiva prometí investigar en Baeza quien era el muerto que el alcobendense Alonso López trasladó desde allí a la ciudad de Segovia, tal y como relata Cervantes en el capitulo XIX de la 1ª Parte del Quijote de donde me permito copiar lo siguiente:

“Y, apartándose los dos a un lado del camino, tornaron a mirar atentamente lo que aquello de aquellas lumbres que caminaban podía ser; y de allí a muy poco descubrieron muchos encamisados, cuya temerosa visión de todo punto remató el ánimo de Sancho Panza, el cual comenzó a dar diente con diente, como quien tiene frío de cuartana; y creció más el batir y dentellear cuando distintamente vieron lo que era, porque descubrieron hasta veinte encamisados, todos a caballo, con sus hachas encendidas en las manos; detrás de los cuales venía una litera cubierta de luto, a la cual seguían otros seis de a caballo, enlutados hasta los pies de las mulas; que bien vieron que no eran caballos en el sosiego con que caminaban. Iban los encamisados murmurando entre sí, con una voz baja y compasiva. (...) y cuando los vio cerca alzó la voz y dijo: -Deteneos, caballeros, o quienquiera que seáis, y dadme cuenta de quién sois, de dónde venís, adónde vais, qué es lo que en aquellas andas lleváis; (...) Vamos de priesa -respondió uno de los encamisados- y está la venta lejos, y no nos podemos detener a dar tanta cuenta como pedís. Y, picando la mula, pasó adelante. (...) Estaba una hacha ardiendo en el suelo, junto al primero que derribó la mula, a cuya luz le pudo ver don Quijote; y, llegándose a él, le puso la punta del lanzón en el rostro, diciéndole que se rindiese; si no, que le mataría. A lo cual respondió el caído: -Harto rendido estoy, pues no me puedo mover, que tengo una pierna quebrada; suplico a vuestra merced, si es caballero cristiano, que no me mate; que cometerá un gran sacrilegio, que soy licenciado y tengo las primeras órdenes. -Pues, ¿quién diablos os ha traído aquí -dijo don Quijote-, siendo hombre de Iglesia? -¿Quién, señor? -replicó el caído-: mi desventura. -Pues otra mayor os amenaza -dijo don Quijote-, si no me satisfacéis a todo cuanto primero os pregunté. -Con facilidad será vuestra merced satisfecho -respondió el licenciado-; y así, sabrá vuestra merced que, aunque denantes dije que yo era licenciado, no soy sino bachiller, y llámome Alonso López; soy natural de Alcobendas; vengo de la ciudad de Baeza con otros once sacerdotes, que son los que huyeron con las hachas; vamos a la ciudad de Segovia acompañando un cuerpo muerto, que va en aquella litera, que es de un caballero que murió en Baeza, donde fue depositado; y ahora, como digo, llevábamos sus huesos a su sepultura, que está en Segovia, de donde es natural. -¿Y quién le mató? -preguntó don Quijote. -Dios, por medio de unas calenturas pestilentes que le dieron -respondió el bachiller. -Desa suerte -dijo don Quijote-, quitado me ha Nuestro Señor del trabajo que había de tomar en vengar su muerte si otro alguno le hubiera muerto; pero, habiéndole muerto quien le mató, no hay sino callar y encoger los hombros, porque lo mesmo hiciera si a mí mismo me matara.”

La duda está planteada. Muchas fechas y eventos coinciden: Segovia, el traslado de noche, los religiosos, la localidad –si bien Baeza en lugar de Úbeda- ¿Será pues el cadáver del mismísimo San Juan de la Cruz el que corresponde a la narración del Quijote? ¿Es una mera casualidad? ¿Quiso Cervantes de una manera novelada exponer el hecho histórico? ¿Era Fontiveros, lugar de nacimiento de San Juan de la Cruz parte de Segovia?

Hasta la próxima semana. Un fuerte abrazo para todos. Agur


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TITULO: En la duda debe elegirse lo más favorable

2 comentarios:

Antón dijo...

Al ver que hablas de Baeza y Machado se me ha ocurrido mandarte un cuento corto que sale en el librillo Este Sol de la Infancia, de Saiz de Marco y que se titula precisamente BAEZA. Te lo copio a ver si te gusta. Ah y un saludo.

BAEZA

Apenas le interesaban la literatura y la filosofía. Sólo coincidía con él en su pasión por la naturaleza y en el desaliño indumentario. Sus conversaciones trataban sobre todo de árboles y plantas. Le asombraba que un profesor de francés supiera tanto de álamos, acacias, encinas, olmos... Le oía como a un entusiasta de la botánica. Eso decía, aunque yo no me lo creo. En medio, alguna alusión dolorida a Leonor, su desplome reciente. Entonces era sólo un compañero de claustro que componía versos, no el escritor afamado que fue después. Me contó que le había dejado ver algunos de sus poemas, escritos a mano, parte de los cuales apareció luego en la segunda edición de Campos de Castilla. También decía que una vez leyó una frase cenital, un verso suelto en una hoja suelta, entre sus papeles. Tuvo que ser antes de 1919, fue entonces cuando dejó aquel Instituto. Eso significaría que dispuso de veinte años para continuar el poema, pero no lo hizo. Puede que no quisiera seguir, que no encontrara palabras a la altura del inicio; o puede que, simplemente, sea un epílogo acabado, completo e inédito durante dos décadas. El verso al que se asía en el último derrumbe, “estos días azules y este sol de la infancia”.

nazario dijo...

SÍ SEÑOR, HERMOSO RELATO